
Foto: Sebastián Santino
En las montañas del corregimiento de Villacarmelo, a pocos minutos del casco urbano de Cali, existe un sitio en done el canto de las aves y el sonido del agua de la quebrada El Carmen, afluente del río Meléndez, crean una experiencia de conexión con la naturaleza.
Se trata de Bosque Colibrí, una reserva natural que desde hace más de una década trabaja por la conservación de los ecosistemas de la zona rural y por el desarrollo de experiencias de turismo de naturaleza y bienestar.
Ubicado a aproximadamente 13 kilómetros del casco urbano de Cali, este espacio se ha convertido en ejemplo de cómo el turismo puede integrarse con la protección del medio ambiente.
Allí, entre senderos rodeados de árboles, huertas y jardines, los visitantes pueden realizar recorridos ecológicos, vivir experiencias alrededor del café y participar en actividades enfocadas en el bienestar emocional.
El proyecto ha sido acompañado por la Alcaldía de Cali que, a través de diferentes estrategias de fortalecimiento empresarial implementadas por la Secretaría de Turismo de Cali tienen como objetivo consolidar la oferta turística de naturaleza en la región.
Desde la Alcaldía de Cali se resaltó el papel de Bosque Colibrí en la construcción de un modelo turístico sostenible para la ciudad.
“Desde la Secretaría de Turismo estamos fortaleciendo las empresas que hacen parte del turismo de naturaleza y turismo de bienestar que están incluidos en la zona natural de la ciudad”, indicó Gloria Torres, del equipo de Desarrollo e Innovación de producto y líder de Turismo de Bienestar del organismo Distrital.
En virtud de ello, la funcionaria añadió que Bosque Colibrí ha sido beneficiaria de diferentes estrategias que la Secretaría de Turismo ha implementado.
“Están en la incubadora de proyectos turísticos, en la misión de intercambio y en el portafolio de turismo de bienestar. Gracias a ello, han podido fortalecer su propuesta y atraer más visitantes interesados en estas experiencias”, precisó.
Bosque Colibrí fue uno de los emprendimientos seleccionados en 2024 dentro de la incubadora de proyectos turísticos impulsada por la Secretaría, un programa que brindó formación, acompañamiento técnico y recursos para consolidar iniciativas del sector.
Posteriormente, hizo parte de una misión de intercambio en Costa Rica, país reconocido internacionalmente por su liderazgo en turismo de naturaleza.
Detrás de Bosque Colibrí está la visión de su copropietaria, Paola Andrea Dradá, quien hace 16 años comenzó a sembrar árboles y jardines con el objetivo de restaurar el ecosistema y crear un espacio en el que la biodiversidad prospere.
“Somos una reserva natural y nuestro principal objetivo es la conservación. Desde el año pasado estamos implementando turismo de bienestar y ya veníamos desarrollando turismo de naturaleza”, explicó Dradá.
Sobre su catálogo de servicios para los visitantes, la emprendedora rural detalló: “ofrecemos pasadías, recorridos cortos, experiencia café, experiencia con las abejas y talleres de cuidado emocional para que las personas conozcan lo que hacemos y se conecten con este lugar”.
De acuerdo con Dradá, en este territorio, es posible observar numerosas especies de aves y animales nocturnos. La reserva ha dedicado años a sembrar árboles, arbustos y jardines que sirven como alimento y refugio para estas especies.
“Llevamos 16 años sembrando árboles, arbustos y jardines para poder brindar alimento a nuestras aves. Aquí se pueden observar muchas especies y el gran premio para quienes vienen a avistar aves es poder verlas en total libertad”, agregó.
Bosque Colibrí también cumple un papel en la protección de los ecosistemas de la zona alta de Cali, donde nacen fuentes hídricas fundamentales para la ciudad.
“Venir a Bosque Colibrí es apoyar a las empresas que estamos trabajando por la conservación en la parte alta de Cali. Es muy importante conocer nuestro territorio y todo lo que hacemos los empresarios rurales por proteger los bosques, las especies y el agua. Acá cuidamos el agua de todos”, concluyó Dradá.
Para Gonzalo Giraldo, un visitante que llegó desde la zona urbana de Cali, lo más importante fue compartir esta experiencia con su familia.
“De las cosas más bonitas fue compartir con nuestros hijos que muchas veces no tenemos porque las salidas son en la ciudad, y tener la oportunidad de caminar en la noche, de prender una fogata, de hacer un huevo con las condiciones de la naturaleza, una lectura al aire libre con el sonido del río y disfrutar estos pasajes, no tiene precio para ellos. Esta es una salida que oxigena el alma”, exclamó.
Iniciativas como esta demuestran que la protección de la biodiversidad, el desarrollo económico rural y el turismo pueden caminar de la mano.
