La plaza de mercado Alameda, un templo de sabores, museo vivo de historias y un escenario donde las mujeres tejen día a día la identidad de la ciudad

La administración del alcalde Alejandro Eder ha resignificado el valor, el aporte y la memoria de la Plaza de Mercado Alameda como un espacio que trascendió y pasó de ser un punto de abastecimiento a convertirse en un templo de sabores, un museo vivo de historias y un  escenario donde las mujeres tejen día a día la identidad de la ciudad.

En un emotivo encuentro liderado por la Empresa de Desarrollo y Renovación Urbana, EDRU, se celebraron ‘las manos, las voces y los saberes’ de quienes mantienen viva la memoria de Cali.

La jornada incluyó degustaciones y el compartir de sus saberes para visibilizar su aporte al tejido social. El objetivo es claro: garantizar que su lugar en la plaza sea protegido, valorado y celebrado.

María Alexandra Pacheco, gerente general de la EDRU, explicó el significado de esta iniciativa. “Iniciamos el primer encuentro de ‘Voces de la Plaza’, un espacio de escucha activa y diálogo con quienes habitan el día a día”, señaló.

La funcionaria agregó: “estuvimos con las mujeres que, a través de sus manos, honran su misión de traer el alimento del campo para nutrir la vida en la ciudad. La conclusión es contundente: la transformación de la Galería Alameda será un hecho colectivo”.

El evento fue un espacio para escuchar de viva voz a las protagonistas. Lena Escobar, gestora cultural, culinaria y gastronómica, recordó la importancia ancestral de estos espacios.

“Las plazas de mercado para los caleños raizales son una referencia de querencia. Los puestos de comida son el referente de la cocina popular y casera de la ciudad”, afirmó.

“Nosotros también tenemos que aspirar a que nuestras plazas, como la Alameda, sean reconocidas como auténticas galerías. Debemos mejorar todos sus aspectos sin perder su esencia”, agregó Escobar, destacando el potencial turístico y económico del lugar.

Ruby Micolta, cocinera de toda la vida en la Plaza Alameda, compartió con emoción su historia de aprendizaje y legado.

«Yo aprendí a cocinar de mi padre, yo empecé haciendo bolitas y cuando mi padre comía el arroz que yo preparaba, él empezó a enseñarme, porque siempre me decía que yo se lo dejaba con música (como no me quedaba bien cocinado, el empezaba a comer y le sonaba en los dientes, así lo llamaba él, aunque con rica sazón)», relató.

«Doña Lena nos trajo profesores de gastronomía y con ellos fuimos perfeccionando. Hoy me doy cuenta del valor que tiene aprender a cocinar. Tengo el sueño de ver esta plaza muy cambiada, no solo por nosotras, sino por nuestros nietos, para que cuando yo me vaya, ellos puedan seguir esta trayectoria», expresó Micolta.

La gerente Pacheco destacó el potencial de la renovación. «Con las obras, buscaremos potencializar este espacio para atraer más turistas e impulsar la economía local. Aquí verán a quienes, trabajando unidos, van a hacer de esto la nueva Cali».

La reconocida chef colombiana y gestora social, Catalina Vélez, puso el acento en la necesidad de un cambio estructural y colaborativo. “Las mujeres de La Alameda son guardianas de comunidades, de identidad y patrimonio. Su cocina es pedagógica”, afirmó.

“Reconocer su trabajo implica construir un marco que potencie la cooperación entre ellas, que fortalezca sus redes. Creemos en la juntanza como práctica política y cotidiana. La fuerza de cada una se multiplica cuando se organiza en colectivo”, explicó Vélez.

“Celebrarlas es también garantizar continuidad, proteger su ocupación y visibilizar su legado como patrimonio vivo de Cali. Apoyarlas es apostar por una ciudad más justa, con trabajo digno y memoria gastronómica”, concluyó.

El evento concluyó con un llamado colectivo a proteger y potenciar el rol de estas mujeres en el proceso de renovación del centro. La nueva Galería Alameda se proyecta como un espacio donde la tradición y el progreso caminen de la mano.

Con las mejoras urbanas, se espera que la plaza se convierta en un atractivo turístico de primer nivel. Esto no solo preservará su legado cultural, sino que impulsará significativamente la economía de las familias que dependen de ella.

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