Investigación que prende unas alertas importantes sobre lo que está ocurriendo en el norte del departamento

  • Aunque hoy el Valle del Cauca no tiene cifras alarmantes de extorsión, su zona cafetera del norte está muy cerca de departamentos donde el delito ya es fuerte. Eso significa que, si no se refuerza la presencia institucional, la extorsión podría llegar con facilidad.
  • El estudio muestra que la extorsión crece sobre todo donde hay economía activa, antecedentes de conflicto y presencia de coca. El norte del Valle no tiene esos problemas en gran escala, pero está conectado con zonas que sí, y eso lo hace más propenso a que el crimen se desplace hacia allí.
  • La buena noticia es que el norte del Valle tiene condiciones parecidas a Caldas, Quindío y Risaralda: instituciones más sólidas y organizaciones cafeteras activas. Si se fortalecen las rutas de denuncia, el acompañamiento a productores y la vigilancia en el campo, se puede evitar que la extorsión se instale y afecte la economía familiar y la producción de café.

Aunque el Valle del Cauca no encabeza la lista de departamentos más golpeados por la extorsión, su zona cafetera del norte podría convertirse en un nuevo punto de riesgo si no se actúa a tiempo. La extorsión creció más del 70% en Colombia y alcanzó 10.560 denuncias, una tendencia nacional que amenaza con expandirse hacia territorios productivos como los del norte vallecaucano.

El estudio “Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia”, liderado por los docentes Jaime Wilches, Karolina Baquero y Rodrigo Atehortúa del Politécnico Grancolombiano, muestra que la extorsión ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en un delito que se mueve hacia donde hay economía estable, como el café. En Colombia, este comportamiento ya se concentra en Antioquia, Cauca, Huila, Nariño y Tolima, y el norte del Valle aparece en esa misma franja geográfica, lo que lo convierte en un territorio con riesgo creciente.

¿Qué está pasando con la zona cafetera del Valle del Cauca?

La investigación señala que el norte del Valle forma parte del llamado “Eje Cafetero ampliado”, un corredor cafetero que comparte características con departamentos altamente expuestos. En los mapas bivariados del estudio se observa cómo la producción cafetera del norte vallecaucano se ubica junto a departamentos donde la extorsión sí es alta, lo que lo convierte en una zona susceptible de contagio criminal si no se fortalece la respuesta institucional.

Aunque el Valle no está entre los departamentos con tasas más dramáticas, la investigación advierte que la extorsión se ha “democratizado”: en 2015 los municipios cafeteros tenían un 52% más extorsión que los no cafeteros; para 2023 la diferencia cayó al 9%. Esto significa que cualquier territorio con actividad agrícola rentable (como el café en el norte del Valle) podría verse presionado si los grupos criminales encuentran condiciones para operar.

El estudio también explica por qué algunos territorios son más vulnerables: la extorsión se dispara cuando confluyen tres factores clave: economías legales activas, antecedentes de conflicto y presencia de economías ilícitas. Si bien el Valle del Cauca no presenta estos factores al mismo nivel que departamentos como Cauca o Meta, sí se conecta territorialmente con esas zonas, lo que lo hace más expuesto a dinámicas criminales que se mueven por corredores regionales.

Además, la presencia de cultivos de coca (que aumenta la extorsión en 3,5 casos por cada 100.000 habitantes) actúa como un factor de expansión en departamentos vecinos y puede generar presión sobre la zona cafetera del Valle. Aunque el estudio no señala grandes cultivos en el Valle, sí destaca que la cercanía con zonas críticas implica un riesgo indirecto.

Una oportunidad estratégica para blindar el territorio

La buena noticia es que el norte del Valle comparte características con el Eje Cafetero tradicional, donde las tasas de extorsión son bajas (entre 8 y 10 casos por cada 100.000 habitantes). ¿La clave? Instituciones más coordinadas, mayor articulación gremial y una presencia estatal más fuerte. Esto significa que el Valle tiene una ventaja importante: aún está a tiempo de reforzar su institucionalidad para evitar que el delito se dispare, replicando las buenas prácticas de Caldas, Quindío y Risaralda.

Sin embargo, si el departamento no fortalece sus rutas de denuncia, su vigilancia rural y su acompañamiento a productores, podría enfrentar el mismo fenómeno que ya afecta a Cauca, Nariño y Antioquia: cobros por carga, por hectárea o por permitir el transporte de café. La investigación muestra que, cuando la extorsión entra en una cadena productiva, se instala rápidamente y se vuelve difícil de erradicar.

La investigación recuerda un dato alarmante: siete de cada diez productores en zonas rurales del país reciben llamadas extorsivas, pero menos del 15% denuncia. Si este patrón se replica en el norte del Valle, las comunidades cafeteras podrían quedar atrapadas en un círculo de silencio que facilita la operación de las estructuras criminales y deteriora su economía familiar.

La extorsión rompe la asociatividad, debilita a las cooperativas y frena la transición hacia cafés especiales, uno de los sectores donde el Valle ha mostrado mayor potencial. Esta avanza donde encuentra vacíos. Aunque el Valle conserva niveles manejables, la investigación advierte que el norte del departamento debe prepararse ahora: proteger al productor, blindar el norte del departamento y anticipar el delito antes de que se consolide.

Con información : Investigación Politécnico Colombiano

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